Ciudad del Vaticano - El papa León XIV ha recibido esta mañana en audiencia privada a monseñor Antoine Camilleri, arzobispo titular de Skálholt y nuncio apostólico en Cuba. El encuentro adquiere en este momento un significado nada ordinario: Cuba atraviesa la crisis más grave de su historia reciente, y las tensiones con Washington evocan escenarios que hace solo unos meses habrían parecido política ficción.

Una isla al límite

Según el Food Monitor Program, el 80% de los cubanos percibe la situación actual como más grave que la del Periodo Especial de los años noventa, con una elevada inseguridad alimentaria y una fuerte dependencia de las importaciones. Es la imagen de un sistema al borde del colapso. A mediados de marzo, el sistema eléctrico nacional cedió, dejando sin corriente a millones de personas. Los apagones superan las 15-20 horas diarias en muchas zonas, paralizando transportes, escuelas y servicios esenciales. Las consecuencias más graves se registran en el sistema sanitario, convirtiendo la crisis energética en una emergencia humanitaria sin precedentes.

La cadena de acontecimientos tiene una fecha precisa de inicio: el 29 de enero de 2026, la Casa Blanca definió a Cuba como una amenaza “inusual y extraordinaria” para la seguridad nacional, acusándola de mantener relaciones con Rusia y China y de albergar a miembros de grupos terroristas. Desde entonces, los suministros de petróleo se han interrumpido: desde el 9 de enero, cuando atracó el último carguero mexicano, la producción interna apenas cubre el 40% de las necesidades diarias de electricidad y combustible, sin reservas.

El espectro de Venezuela

El contexto regional pesa como una losa. Si en Venezuela fue la operación militar Absolute Resolve, llevada a cabo el 3 de enero de 2026 con la captura, el arresto y la deportación del presidente Nicolás Maduro, para Cuba se prevé lo que algunos definen como un “friendly takeover”. Trump ya ha declarado públicamente que su próximo objetivo será la isla. Mientras tanto, Estados Unidos eleva aún más el nivel de tensión: el portaaviones Nimitz está desplegado en el mar Caribe y Raúl Castro ha sido imputado por el derribo de dos aviones en 1996.

El riesgo de una réplica caribeña del esquema venezolano es percibido con claridad por la propia Iglesia local. El padre Ariel Suárez, secretario general adjunto de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba, es explícito: una acción armada no conduciría a la democracia. Hace falta una transición “suave” y, antes aún, “un diálogo entre todos los cubanos”.

La voz de los obispos

Ante esta situación, el episcopado cubano ha elegido una palabra pública, franca y valiente. El 31 de enero, los obispos denunciaron, en un mensaje, el riesgo real de caos social y violencia tras la eliminación de cualquier posibilidad de recibir petróleo. El texto refleja el sentimiento extendido por toda la isla: “Quienes están atentos y son respetuosos con el sufrimiento ajeno oyen decir continuamente que las cosas no van bien, que no podemos seguir así”. Cuba necesita cambios “cada vez más urgentes”, pero no puede soportar “más angustia y dolor”.

El presidente de la Conferencia Episcopal, monseñor Arturo González Amador, obispo de Santa Clara, no recurrió a perífrasis en la entrevista concedida a Ayuda a la Iglesia Necesitada: “Cuba está sufriendo. Este es el momento más triste y más difícil que recuerdo en la historia de mi pueblo. Todo es una lucha por sobrevivir. El presente es inseguro y el futuro es completamente desconocido”. Desde el altar, lanzó al mundo un llamamiento que se ha vuelto emblemático: “No olvidéis a Cuba, mirad la realidad, el dolor de este pueblo”.

Cáritas Cuba ha intensificado la distribución de ayuda humanitaria, llevando alimentos, productos de higiene y artículos esenciales a familias vulnerables en distintas diócesis. Sin embargo, la falta de combustible y los límites logísticos afectan también a la capacidad de la Iglesia para llegar a todas las comunidades. En el plano geopolítico, los obispos, parafraseando a san Juan Pablo II, piden “que el mundo se abra a Cuba”, pero también que “Cuba se abra a su pueblo, a todos los cubanos, sin exclusión”, reiterando la disponibilidad de la Iglesia para colaborar en la creación de espacios de encuentro en favor del bien común.

León XIV: diálogo, no violencia

En el Ángelus del pasado 1 de febrero, León XIV expresó gran preocupación por la intensificación de las tensiones entre Cuba y Estados Unidos y, uniéndose explícitamente al mensaje de los obispos cubanos, invitó “a todos los responsables a promover un diálogo sincero y eficaz, para evitar la violencia y toda acción que agrave los sufrimientos” de la población.

No es casualidad que precisamente en aquellos días la Conferencia Episcopal cubana fuese esperada en Roma para la visita ad limina: León XIV había decidido adelantarla de 2027 a febrero de 2026 como gesto explícito de cercanía a la Iglesia de la isla. El 6 de febrero, los obispos aún habían expresado públicamente su alegría por el inminente encuentro con el Pontífice. Seis días después se veían obligados a comunicar el aplazamiento: la crisis energética hacía imposible incluso garantizar los vuelos a Roma. La visita – precisaron - no quedaba cancelada, sino pospuesta hasta una fecha por determinar. Una imagen elocuente del estado en que se encuentra la isla: Cuba no logra responder ni siquiera a un gesto de proximidad de su Papa. A aquellas palabras siguió un gesto: el 18 de mayo, al recibir a los miembros de la Catholic Extension Society, el Pontífice elogió específicamente su trabajo en Cuba y Puerto Rico, definiéndolo como “una bella expresión de la universalidad de la Iglesia”.

En el frente diplomático, La Habana ha correspondido. El Gobierno cubano ha expresado una valoración muy positiva del pontificado de León XIV por su compromiso constante en favor de la paz: el embajador cubano ante la Santa Sede ha renovado la invitación oficial para que el Papa visite la isla.

La audiencia de esta mañana con el nuncio Camilleri - diplomático maltés que conoce siete lenguas y Cuba desde hace décadas, antiguo subsecretario de la Sección para las Relaciones con los Estados - es el signo de que la Santa Sede sigue acompañando con atención discreta y activa una crisis que el mundo corre el riesgo de olvidar.

p.V.M.
Silere non possum

Comentarios

Aún no hay comentarios...

Deja un comentario

Para participar en la discusión debes ser parte de la comunidad. ¡Suscríbete ahora!