Ciudad del Vaticano - Los ejercicios espirituales de Cuaresma para la Curia Romana están llegando a su conclusión. En el clima de oración que ha envuelto esta semana la Capilla Paulina, el Santo Padre León XIV, junto con los Jefes de Dicasterio de la Curia Romana y los cardenales residentes en Roma, está viviendo estos días de retiro, que comenzaron el pasado domingo y finalizarán mañana, viernes 27 de febrero de 2026. A cargo de las meditaciones está Mons. Erik Varden, obispo perteneciente a la Orden Cisterciense de la Estricta Observancia. La predicación del prelado noruego se está destacando por una profunda integración entre la teología monástica antigua y los desafíos de la contemporaneidad.
La jornada de hoy, jueves, comenzó a las 9:00 con la oración de la hora intermedia, seguida inmediatamente por la octava meditación titulada "Los ángeles de Dios". El programa espiritual continuará por la tarde: a las 17:00 está prevista la novena meditación, centrada en el tema "San Bernardo realista". A esta le seguirán la exposición del Santísimo Sacramento, el rezo de las vísperas y la solemne bendición eucarística, momentos que marcan el ritmo orante de estos días.
"Salta a mis brazos": La tentación y la confianza
En la meditación matutina, Mons. Varden ofreció al Pontífice y a los colaboradores de la Curia una poderosa exégesis sobre las tentaciones de Cristo en el desierto, deteniéndose en el uso distorsionado que Satanás hace de la Escritura. El tentador, citando el Salmo 90, invita a Jesús a arrojarse desde el alero del templo, prometiendo la intervención de los ángeles. Mons. Varden subrayó con fuerza la diferencia entre el desafío diabólico y la invitación divina: “Solo Dios puede invitarnos a saltar desde un alero. Sin embargo, su llamado será: ‘Salta a mis brazos’, no ‘Arrójate al vacío’”. El predicador desmontó además una visión excesivamente edulcorada de las figuras celestiales. Las intervenciones angélicas, explicó, no siempre son reconfortantes ni existen para satisfacer nuestros caprichos. Citando una oración medieval atribuida a Reginaldo de Canterbury, el obispo recordó que pedimos al ángel que “nos ilumine, nos guarde, nos sostenga y nos gobierne”. Verbos que indican autoridad: el ángel es, ante todo, un guardián de la santidad.
La Cupiditas y la mediación angélica
Tomando como referencia la sabiduría de San Bernardo, a quien Varden ha elegido como fiel compañero de viaje para este camino de introducción a la Cuaresma, el monje exploró el concepto de mediación. Aunque Dios puede tocar el alma directamente, Él se complace en usar a las criaturas como canales de gracia, creando una cadena de mediación que une el cielo con la tierra. Particularmente audaz fue el pasaje sobre el término cupiditas usado por el abad de Claraval. Bernardo exhorta a ascender hacia la “suma y eterna verdad” con toda la cupiditas del alma. Una elección léxica provocadora que nos recuerda cómo todos los deseos humanos, incluso los más carnales, están en realidad orientados hacia su cumplimiento en Dios y deben ser guiados, como hacen los ángeles, hacia esta meta última.
En la hora de nuestra muerte, recordó Varden, los ángeles realizarán su acto decisivo de caridad: rasgarán el velo de la retórica y la ficción, dejando que permanezca solo la verdad, en plena consonancia con la misericordia divina.
Newman y el desafío educativo en la era digital
Con un salto temporal de más de siete siglos, la meditación abordó luego el pensamiento de John Henry Newman, presentado por León XIV como figura ejemplar para la Iglesia y recientemente proclamado Doctor. Newman concebía el ministerio sacerdotal como esencialmente “angélico”: el sacerdote debe sentirse en casa en este mundo, sin temer los “bosques oscuros” para buscar a los perdidos, pero manteniendo siempre la mirada fija en el rostro del Padre. Esta visión se extiende a la educación. Mons. Varden lanzó un desafío profético respecto al rol del maestro como iluminador angélico, contraponiéndolo a la actual deriva tecnológica: “La llamada ‘educación’ está ahora confiada a los medios digitales, incluso artificiales, mientras los jóvenes adultos, los adolescentes y los niños desean encontrar maestros dignos de confianza, que puedan impartir no solo habilidades, sino también sabiduría”. La conclusión de la meditación dejó a los presentes una advertencia crucial para nuestro tiempo: un verdadero encuentro, sea angélico o educativo, es intrínsecamente personal. La gracia pasa a través de la relación viva y no puede ser sustituida por una descarga o un chatbot.
p.F.V
Silere non possum