Ciudad del Vaticano - Con el nombramiento de Mons. Luis Marín de San Martín, O.S.A. como Limosnero de Su Santidad y Prefecto del Dicasterio para el Servicio de la Caridad, León XIV confía el oficio que en la Curia encarna de modo más directo la caridad del Papa a un religioso que, en los últimos años, ha trabajado en el corazón de los procesos eclesiales como subsecretario de la Secretaría General del Sínodo. La promoción va acompañada de la concesión de la dignidad de arzobispo y deja ya entrever la perspectiva del cardenalato, que con toda probabilidad podría llegar en el primer consistorio del nuevo Pontífice.

La relación de amistad, estima y cercanía entre los hermanos de religión Marín de San Martín y Prevost es bien conocida en los ambientes vaticanos. Precisamente esa sintonía alimentó desde el primer momento el malestar dentro de la Secretaría General del Sínodo, sobre todo en el área vinculada al cardenal Mario Grech. En Malta, donde en los últimos veinte años su perfil eclesial ha experimentado transformaciones muy marcadas, algunos han apodado a Grech “Kamaleont”, camaleón. Bajo Benedicto XVI aparecía como un obispo cercano a las posiciones más tradicionales; durante el pontificado de Francisco se convirtió en uno de los rostros más reconocibles de la sinodalidad y en uno de los principales intérpretes de la nueva etapa eclesial. Hoy, sin embargo, su peso parece haberse reducido de manera sensible y es uno de los muchos “desaparecidos de la escena”, subraya un prelado. También los documentos de los grupos de estudio, presentados durante meses como pasos capaces de incidir profundamente en la vida de la Iglesia, son descritos ahora en términos mucho más cautos, como simples materiales de reflexión e instrumentos de trabajo.

Un religioso agustino

Nacido en Madrid el 21 de agosto de 1961, Luis Marín de San Martín ingresó en la Orden de San Agustín en 1982, profesó los votos solemnes en 1985 y fue ordenado sacerdote el 4 de junio de 1988. Después de la ordenación obtuvo el doctorado en Sagrada Teología en la Universidad Pontificia Comillas de Madrid. Su formación une, por tanto, el arraigo religioso agustiniano, el trabajo académico y la experiencia de gobierno interno dentro de la Orden.

Su trayectoria se ha desarrollado en ámbitos distintos pero coherentes: fue formador del seminario mayor Tagaste de Los Negrales, consejero provincial de la Orden, prior del monasterio de Santa María de La Vid y, posteriormente, profesor de teología en los centros agustinianos de Los Negrales, San Lorenzo de El Escorial y Valladolid. Desde 2004 fue también profesor invitado en la Facultad de Teología del Norte de España de Burgos. A ello se suman encargos de peso en la familia agustiniana: archivero general, asistente general de los agustinos y presidente del Instituto de Espiritualidad Agustiniana. El paso a la dimensión más estrictamente curial llegó en 2021, cuando fue nombrado por el papa Francisco obispo titular de Suliana y subsecretario del Sínodo de los Obispos. El 11 de abrilde ese mismo año recibió la ordenación episcopal en la catedral de la Almudena de Madrid. Desde entonces, su nombre quedó ligado al taller de la sinodalidad, uno de los dosieres más sensibles de la vida eclesial contemporánea.

Una vez llegado a Via della Conciliazione, su incorporación suscitó de inmediato malestar en la religiosa Nathalie Becquart, que comenzó a quejarse de que el obispo Luis Marín de San Martín tuviera un despacho más grande que el suyo, dejando entrever que se consideraba perjudicada por ser mujer y no obispo.

Un nombramiento importante

Con este nombramiento, León XIV prosigue su obra de recomposición de la Curia Romana. Lo hace con calma, con ponderación, con la seriedad de quien no improvisa y valora atentamente a las personas a las que llama a colaborar con él. Francisco, en apenas 143 días, eligió al ceremoniero Konrad Krajewski como Limosnero, con el objetivo evidente de apartar a Guido Pozzo y relegarlo, sin púrpura alguna, al frente de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei, organismo que ya pensaba cerrar. Logró llevar a cabo aquella supresión el 17 de enero de 2019. Una decisión que León XIV deberá con toda probabilidad reconsiderar, también a la luz de lo que está ocurriendo con la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, puesto que aquella Comisión había nacido precisamente por voluntad de san Juan Pablo II, con la intención concreta de favorecer el diálogo y custodiar la comunión eclesial. Prevost, en cambio, ha necesitado 308 días para elegir a un hombre cercano a él, una persona de su confianza, un religioso de su misma Orden con quien compartió muchos momentos en el Augustinianum. También este detalle confirma el método de Prevost: sopesar, contrastar, reflexionar incluso sobre decisiones que podrían parecer más inmediatas y casi naturales. Se ha cerrado, por tanto, la etapa de un gobierno guiado por el impulso.

Su nombramiento al frente de la Limosnería Apostólica deja entrever la voluntad del Papa de confiar un encargo relevante a un hombre de confianza, apartándolo al mismo tiempo de una función completamente inútil en la Secretaría del Sínodo, donde además corría el riesgo de verse progresivamente marginado precisamente por ser considerado “hombre de confianza del Papa”.

¿Qué es el Dicasterio para la Caridad?

El Dicasterio para el Servicio de la Caridad, nomenclatura introducida por la constitución apostólica Praedicate Evangelium, es la Limosnería Apostólica y queda definido como una “especial expresión de la misericordia”. Su misión parte de la opción por los pobres, los vulnerables y los excluidos, y consiste en ejercer, en cualquier parte del mundo, la obra de asistencia y ayuda en nombre del Romano Pontífice. En los casos de particular indigencia o de otra necesidad, es el propio Papa quien dispone personalmente las ayudas que deben destinarse.

Praedicate Evangelium precisa que el Dicasterio, bajo la guía del Prefecto, es decir, del Limosnero de Su Santidad, hace concreta la solicitud y la cercanía del Papa hacia quienes viven en condiciones de indigencia, marginación o pobreza, e interviene también en las grandes calamidades. Además, tiene competencia para recibir, buscar y solicitar donaciones destinadas a las obras de caridad del Pontífice. Al Limosnero le queda también la facultad de conceder la Bendición Apostólica mediante los conocidos diplomas autenticados en pergamino. Los ingresos de estas pergaminas se destinan íntegramente a la caridad del Pontífice.

Hay además un elemento que dice mucho sobre el peso de este encargo. La constitución querida por Franciscoestablece que, durante la Sede vacante, mientras los jefes de las instituciones curiales cesan en su oficio, el Limosnero de Su Santidad es una de las pocas figuras que continúa ejerciendo las obras de caridad, permaneciendo bajo la dependencia del Colegio Cardenalicio hasta la elección del nuevo Pontífice. Se trata de una continuidad excepcional, reservada a un oficio que el Papa considera esencial también en el paso de un pontificado a otro.

León XIV, por tanto, sitúa hoy a Luis Marín de San Martín en un punto neurálgico, confiando este encargo a un hombre de confianza procedente de su misma familia religiosa, formado en la escuela de san Agustín.

p.C.S.
Silere non possum

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