Diócesis de Assisi-Nocera Umbra-Gualdo Tadino

En el octavo centenario de su tránsito terrenal (1226 - 2026), la figura seráfica de Francisco de Asís vuelve a hacerse presente ante la cristiandad no solo a través del eco inagotable de su palabra, sino también en la corporeidad misma de sus restos mortales. Un acontecimiento de alcance epocal - la primera ostensión pública y prolongada - ha comenzado en Asís, corazón de la espiritualidad franciscana. A las primeras luces del alba del sábado 21 de febrero, en un clima de recogimiento y de íntima sacralidad, la comunidad de los frailes menores conventuales, junto con Mons. Domenico Sorrentino, administrador apostólico de Asís–Nocera Umbra–Gualdo Tadino y Foligno, asistió a un acto tan infrecuente como cargado de significado: la exhumación. Con reverencia y una atención meticulosa, se abrió el sobrio sarcófago que desde hace siglos custodia los restos del Santo en la cripta de la Basílica. Aquel instante, suspendido entre historia y fe, volvió a mostrar al mundo los huesos de quien eligió la desnudez evangélica, haciendo de su existencia un Evangelio viviente.

La solemne traslación a la Basílica

Por la tarde, la solemne traslación condujo las reliquias del santo hacia la Basílica Inferior. Allí, el cardenal Ángel Fernández Artime, Legado Pontificio, presidió la celebración de las Vísperas, un canto que unió a la Iglesia peregrinaen la tierra con la Iglesia celeste. La respuesta del pueblo de Dios no se hizo esperar, confirmando la atracción inextinguible del Poverello. Un inmenso flujo de peregrinos, procedentes de todos los continentes, ya ha reservado su encuentro orante, testimonio de una devoción que atraviesa fronteras geográficas y culturales. A este movimiento espiritual se suma un gesto de caridad concreta: las ofrendas recogidas sostendrán la creación de un hospicio pediátrico oncológico en Umbría, traduciendo la contemplación en acción, en el espíritu más auténtico del Santo.

Fray Marco Moroni, Custodio del Sacro Convento, habló de una experiencia de fe “corporal”, que remite al misterio de la Encarnación. Encontrarse con los restos de Francisco significa acercarse a una vida entregada radicalmente por el Evangelio, una vida que, precisamente al perderse, se encontró plenamente. Es una invitación a redescubrir lo esencial: Francisco como hombre del Evangelio que nos habla de Jesús.

A esta lectura se suma la voz del obispo Sorrentino, quien afirma que exponer los huesos del Santo equivale a proclamar que “Francisco está vivo”. Su secreto más hondo, más allá de los temas - sin duda fundamentales - de la paz y del cuidado de la creación, reside en la elección radical de Jesús, simbolizada en el gesto arquetípico de la desnudez. En ese acto se encuentra la clave hermenéutica de toda su existencia: solo Cristo permanece; todo lo demás es transitorio. La ostensión, por tanto, es una llamada potente para el presente, para que cada creyente pueda, siguiendo el ejemplo de Francisco, redescubrir aquello que verdaderamente vale y no pasa.

Del 21 de febrero al 22 de marzo de 2026, el calendario propone una serie de citas litúrgicas, culturales y espirituales, concebidas para favorecer la oración y la reflexión. Entre los eventos litúrgicos destacan la Santa Misa del 22 de febrero a las 11.00 en la iglesia superior de la Basílica, presidida por el cardenal Ángel Fernández Artime, y la celebración eucarística de clausura del 22 de marzo a las 17.00 con el cardenal Matteo Zuppi. En el plano espiritual, los días 14 y 15 de marzo está previsto el Meeting Franciscano Jóvenes, dedicado a los jóvenes y a profundizar en los valores franciscanos.

La propuesta cultural incluye los conciertos “Sacrae Passionis Concentus” de la Capilla Musical de la Basílica (28 de febrero, 7 y 21 de marzo a las 19.30), el concierto de los Knoxville Catholic High School Singers (10 de marzo a las 21.00) y el de la Orquesta de Cámara Fiorentina (17 de marzo).

p.L.C.
Silere non possum