Ciudad del Vaticano - Esta tarde, Mons. Erik Varden dirigió al Papa, a los Cardenales y a los Jefes de Dicasterios la séptima meditación de los ejercicios espirituales de Cuaresma. Los ejercicios, que comenzaron el domingo y concluirán el viernes por la tarde, se llevan a cabo en la Capilla Paulina del Palacio Apostólico y siguen el tema central: "Iluminados por una gloria oculta", un camino de reflexión y oración que invita a descubrir la luz divina escondida en los pliegues de nuestra existencia.
El programa de hoy
La jornada de hoy se dividió en dos momentos principales. Esta mañana, a las 9:00, se celebró la Hora Tercia, seguida de la meditación titulada "Mil caerán". Por la tarde, a las 17:00, se ofreció una segunda meditación, titulada "Yo lo glorificaré", seguida de la Adoración Eucarística y el canto de Vísperas.
"Yo lo glorificaré"
La meditación de la tarde se centró en el misterio de la glorificación de Cristo, un tema que atraviesa el núcleo del mensaje evangélico. Mons. Varden reflexionó sobre el episodio evangélico en el que muchos discípulos abandonaron a Jesús, incapaces de aceptar sus enseñanzas sobre el realismo sacramental, la indisolubilidad del matrimonio y la necesidad de la Cruz. Este abandono culmina en la soledad del Calvario, donde solo dos figuras permanecen junto al Cristo crucificado: María, su Madre, y Juan, el Discípulo Amado. Varden destacó cómo Juan describe la kenosis de Jesús, su total vaciamiento, que se manifiesta en dos niveles: el amor divino y compasivo, exprimido en el lagar de la Cruz, y la traición de las lealtades humanas, cuando los discípulos, a pesar de sus promesas de fidelidad, se encierran en sus casas por miedo. Sin embargo, Juan insiste en que esta escena de abandono revela la gloria de Cristo.
La gloria oculta: una esperanza que ilumina
La meditación exploró el concepto de "gloria oculta", una realidad que, aunque velada, ya es perceptible en la vida presente. Bernardo, compañero de camino elegido por Mons. Varden para estos ejercicios, nos recuerda que la glorificación ocurre "en la presencia del rostro de Dios" cuando, al final de nuestro viaje terrenal, contemplamos finalmente aquello que hemos esperado con confianza en el nombre de Jesús: "Spes in nomine, res in facie est". Esta esperanza, como explicaba San Agustín, ya lleva consigo la imagen de la gloria en una forma oscura, destinada a revelarse plenamente luminosa en la vida eterna. Varden recordó que Agustín describe esta transformación como un proceso de reforma: las deformidades causadas por una libertad mal ejercida serán eliminadas, permitiendo que emerja la belleza original, la "forma formosa". La gloria, impresa en nuestro ser, no puede perderse, pero puede quedar enterrada bajo capas de oscuridad que deben ser removidas.
La misión de la Iglesia: revelar la gloria oculta
La Iglesia, explicó Varden, tiene la misión de recordar a hombres y mujeres la gloria secreta que vive en ellos. Nos muestra que la mediocridad y la desesperación del presente, incluida nuestra propia desesperación por los fracasos persistentes, no tienen por qué ser definitivas. El plan de Dios para nosotros es infinitamente hermoso, y a través del Cuerpo Místico de Cristo, Dios nos dará la gracia y la fuerza necesarias, si tan solo se lo pedimos. La Iglesia manifiesta el resplandor de la gloria oculta en sus santos, quienes son prueba viviente de que incluso la enfermedad y la degradación pueden convertirse en instrumentos de la Providencia para cumplir un propósito glorioso. Los santos demuestran cómo Dios otorga fuerza a los débiles y los transforma en testigos radiantes de santidad.
La Iglesia también canaliza la gloria oculta a través de sus sacramentos. Todo católico conoce la luz que puede irrumpir en el confesionario, durante una unción, en una ordenación o en un matrimonio. La más espléndida, y en cierto modo la más velada, es la gloria de la Santa Eucaristía. ¿Qué sacerdote, después de celebrar los santos misterios, no ha sentido lo que un gran músico dijo una vez sobre ser instrumento de una luminosa comunicación de belleza, sanación y verdad: "la muerte realmente no sería una tragedia: [porque] lo mejor de lo que está en el centro de la vida humana ha sido visto y vivido", con su corazón ardiendo de gloriosa maravilla?
Un camino hacia la Pascua
Los ejercicios espirituales continuarán mañana siguiendo el mismo programa: por la mañana, la Hora Tercia y la primera meditación, mientras que por la tarde la segunda meditación irá acompañada de la Adoración Eucarística y las Vísperas.
p.F.V.
Silere non possum