Son ciento setenta y ocho los cardenales que esta mañana han llegado al Aula Pablo VI para iniciar los trabajos del Consistorio extraordinario. Tras la Eucaristía celebrada a las 9.30 en la Basílica de San Pedro, los purpurados se repartieron entre las mesas de los grupos de trabajo: ocho grupos de cardenales electores que ejercen como ordinarios - a los que se han sumado también nuncios y purpurados que ya concluyeron su servicio como ordinarios - y diez grupos que reúnen a los cardenales electores de la Curia Romana y a los no electores. Una distribución que dibuja, antes incluso que el programa de trabajo, el mapa de los equilibrios.
Tras el canto del Veni Creator, el cardenal Luis José Rueda Aparicio moderó la primera sesión y cedió la palabra al decano del Colegio Cardenalicio, el cardenal Giovanni Battista Re, para su saludo. Después intervino León XIV.
Cuatro sesiones, una sola encíclica en el centro
El Papa organizó el recorrido de estas jornadas en torno a cuatro temas que definió como «profundamente vinculados entre sí»: la mirada sobre el mundo en el que la Iglesia está llamada a anunciar el Evangelio; la cultura del poder confrontada con la civilización del amor; la contribución de la Iglesia a la construcción del bien común; y, finalmente, la aplicación del Sínodo. Es una arquitectura que gira alrededor de un único eje: Magnifica humanitas, situada expresamente en el centro de la segunda y la tercera sesión. León no pidió a los purpurados un comentario doctrinal, sino una lectura pastoral: le interesa «sobre todo escuchar cómo resuenan estas páginas» en las Iglesias locales, porque «una encíclica continúa su camino cuando es acogida, interpretada y encarnada».
Al citar el número 86 del texto, el Papa vinculó el bien común a «un estilo sinodal al servicio de la misión del Reino», atento a la manera en que «se toman las decisiones y se ejercen las responsabilidades, en la transparencia, la evaluación y la corresponsabilidad». Fuera del Aula, esas palabras suenan más a programa de gobierno que a meditación.
Humildad y fraternidad
León pidió a los cardenales un apoyo explícito: «Necesito su apoyo: fuerte, explícito y público. Necesito sentirme sostenido por ustedes como por hermanos». Y añadió: «Necesito su libertad, su franqueza y su lealtad. Un consejo sincero es siempre un acto de comunión».
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